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sábado, 6 de febrero de 2016

La vida absurda

O alma mía, no aspires a la vida inmortal, agota, más bien, el campo del posible.”

¿El sentido de la vida? Otra estéril divagación filosófica, pensarán algunos, hablemos en su lugar de los problemas concretos e inmediatos que nos acosan a diario.
Sin embargo, si una persona pudiese pensar con estricta lógica y elegir el orden cronológico en el cual afrontar los problemas de su existencia, no hay duda que comenzaría por preguntarse sobre su propia situación en el mundo, sobre el sentido profundo de su vida…, y de la vida. Antes de preocuparse por modificar las condiciones materiales de su vida, no cabe duda que se preguntaría en primer lugar si la vida vale realmente la pena de ser vivida.
La pregunta es importante, sin embargo resulta que antes de interrogarnos sobre la vida ya nos gusta la vida, y nuestro subconsciente nos incita a no plantear de forma demasiado directa ciertas preguntas que podrían arrastrarnos hacia un vértigo mortal.
Pascal lo presentía cuando decía: “Nuestra condición débil y mortal (es) tan miserable que nada puede confortarnos cuando la pensamos de cerca”.
Sin embargo, Camus tendrá el valor de adentrarse en esa vía árida y peligrosa y la seguirá hasta el final, sean cuales sean las consecuencias. Descubrirá entonces que ese vértigo, o cuanto menos ese malestar, que nos invade, sobre todo si somos ateos,al detenernos sobre el problema de la vida surge el descubrimiento del absurdo.
El ser humano vive en la contradicción, las contradicciones lo desgarran dolorosamente y desea superarlas con toda la fuerza de su ser, pero sabe al mismo tiempo que son insuperables.
Todo ser humano aspira a embriagarse de victorias y, sin embargo, toda vida es un fracaso, como muy bien lo sabe en el fondo de sí mismo, pero prefiere aturdirse con palabras, dejarse cegar por la acción, “divertirse”, cualquier cosa salvo mirar de frente el verdadero sentido de sus actos. Pero un día la verdad le estalla dolorosamente en plena cara, como una bomba: “levantarse, tranvía, las cuatro horas de oficina o de fábrica, almuerzo, tranvía, otras cuatro horas de trabajo, cena, dormir…, y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, todo sobre el mismo ritmo...” De repente, el “¿por qué?” y el “¿para qué?” surgen con toda su brutalidad, y la imposibilidad de vislumbrar un atisbo de respuesta abre las puertas a un sentimiento de náusea, de asco y de cansancio que se encuentra en los inicios de la conciencia del absurdo.
Para entender mejor lo que estamos aludiendo quizá no sea inútil intentar definir el concepto y el sentimiento del absurdo.
Cualquier diccionario diría, de manera lapidaria, que se trata del sentimiento que invade una persona en presencia de hechos desproporcionados, de hechos contradictorios con la razón. Por ejemplo, si vemos un hombre retirar cubos de agua del Mediterráneo con la intención, y la convicción, de vaciarlo, pensaremos que su acto es absurdo, que es absurdo ya que existe una contradicción manifiesta entre el objetivo que persigue y los medios utilizados para alcanzar ese objetivo. Y los ejemplos podrían multiplicarse ad infinitum, y cada vez veríamos que el sentimiento del absurdo nace de una contradicción, de un divorcio.
En el plano existencial, precisamente allí donde éste adquiere sus tintes más dramáticos, el absurdo radica también en la aguda conciencia de una contradicción insuperable y dolorosa.
Por una parte ardemos de un deseo salvaje y desenfrenado de vivir, por otra parte estamos absolutamente seguros de que vamos a morir. Frente a la certeza de su destrucción y a la fuga inexorable del tiempo, la carne experimenta un escalofrío de horror y en su grito, en su rebelión estéril e inútil, se reconocen las señas del absurdo.
Estamos hechos de una voluntad, de una necesidad irreductible de claridad, de comprensión, pero nuestras interrogaciones quedan petrificadas en su propio impulso y permanecen sin respuesta. Ansiamos conocer el mundo pero contemplándolo de frente, una noche en el campo, sentimos bruscamente todo su indescifrable espesor, nos sentimos repentinamente e irremediablemente extranjeros al mundo, a su inhumanidad, a la tranquila impasibilidad de las piedras y de las montañas que nos ignoran. En este silencio obstinado del mundo se reconoce de nuevo el absurdo.
Precisemos, con todo, que el absurdo no radica en nuestra condición mortal, o en el silencio del mundo, nace de una condición mortal enfrentada violentamente con el rechazo de esa condición, está en el silencio del mundo enfrentado al deseo de entender el mundo, el absurdo nace siempre de un choque violento, y es, en sí misma, una contradicción: en cuanto aceptamos la absurdidad ésta se disuelve y desaparece, sólo se mantiene en la medida en que la rechazamos obstinadamente. “El absurdo sólo tiene sentido en la medida en que éste no se acepta”. No radica pues en comprobar que algo no tiene sentido, es también y al mismo tiempo, la negativa a admitir que no tiene sentido, el violento deseo de encontrar una razón a lo que no tiene ninguna. El absurdo es una tensión perpetua entre dos términos, un desgarramiento continuo. Tomar conciencia que la vida no tiene sentido no es nada, lo que resulta dramático es sentir al mismo tiempo la necesidad imperiosa, la necesidad lancinante, de darle un sentido y no poder hacerlo. Frente a una ecuación de Einstein lo absurdo no es que carezca de sentido para mi, lo absurdo surge cuando no pudiendo comprenderla, siento al mismo tiempo la necesidad imperiosa de descifrarla, de entender su significado a pesar de todo.
Acotados los rasgos del absurdo, ahora que reconocemos bajo cada uno de nuestros actos el amargo sentimiento de su presencia, nos resulta imposible retroceder, es necesario mirarlo fijamente con una lucidez desesperada e intentar sacar todas las conclusiones que se imponen, sin que esas conclusiones eludan ninguno de los términos del absurdo.
La primera actitud que parece desprenderse del reconocimiento del absurdo es la que formularon la mayoría de los filósofos de la existencia, desde Jaspers a Chestov y a Kierkegaard: la esperanza.
En efecto, puesto que, a pesar de nuestros deseos más ardientes, no conseguimos comprender el mundo, puesto que no alcanzamos a encontrar el sentido de la vida, es porque el mundo y la vida no forman parte del ámbito de nuestra razón, es porque pertenecen a algo más amplio e irracional que nos trasciende, que nos sobrepasa y que no puede ser sino Dios. La vida es incomprensible, por lo tanto Dios existe, su grandeza es su inconsecuencia, su prueba es su inhumanidad. Estamos salvados: “en su fracaso, el creyente encuentra su triunfo”, y se comprende entonces el famoso “creo porque es absurdo”. La esperanza está permitida, pero entonces el absurdo desaparece. Se toma apoyo sobre lo absurdo para fundar la esperanza, pero ésta lo aniquila inmediatamente puesto que lo absurdo exige para permanecer que no se lo acepte. Esto representa un suicidio filosófico: se limita a añadir una hipótesis: “Dios”, que no es constructiva y no aporta nada positivo, destruyendo al mismo tiempo la única cosa que es evidente, es decir, el absurdo. Realmente, no sé si el mundo tiene un sentido que lo supera, lo que sé es que es absurdo, y punto, y que debo mantener esta verdad; se trata únicamente de saber si quiero vivir con ella..., y solamente con ella.
La segunda actitud que parece autorizar el absurdo es la de la desesperación absoluta, con el suicidio como horizonte. Puesto que nada tiene sentido, puesto que sólo nos espera el fracaso como seres vivos, entonces quizá sea preferible detener una comedia que reconocemos como absurda, y adelantarnos con un gesto al resultado inevitable que llegará algún día, ahorrándonos así una suma de dolores y sufrimientos que finalmente no sirven de nada Ciertamente el suicidio resuelve el absurdo, puesto que con la muerte éste desaparece. Sin embargo, es una solución inaceptable al igual que la de la esperanza, ya que el absurdo requiere que no se consienta a él: “es, indisolublemente, rechazo y conciencia de la muerte”. En el momento en que se suicida, el hombre niega al mismo tiempo las razones por las cuales se suicida, es decir, el absurdo. La conciencia del carácter absurdo de la vida no se deriva de una tranquila constatación, es un desgarramiento, una tensión interminable y un rechazo de la absurdidad misma de la vida y de la muerte. Se trata de morir irreconciliado y no de pleno acuerdo.
Finalmente la tercera actitud es la de la rebelión, la del “hombre absurdo”.
Tiene una conciencia aguda de la absurdidad de su situación, de la inutilidad profunda de su vida, pero no lo acepta, se rebela contra esta situación ya que tiene el sentimiento de ser inocente, y finalmente accede a una extraña libertad que permanece inaccesible a los demás, ya que el hombre absurdo se libera del futuro, todo depende de él, su destino le pertenece por fin.
En efecto, hay una libertad absoluta, eterna y una libertad a la medida del ser humano, concreta e inmediata; el absurdo destruye una y libera la otra.
El hombre de la esperanza o de la inconsciencia vive como si fuese libre, vive con unos objetivos, con una constante preocupación por el futuro, y conforma todos sus pensamientos y sus actos a esos objetivos y al sentido de la vida que cree haber descubierto, se cree libre pero está en esclavitud. El hombre absurdo no tiene futuro, sabe que es esclavo de una condición contra la cual se rebela, por eso no hace nada con miras a lo eterno, por eso no cree en el sentido profundo de las cosas, tiene hacia el futuro una sublime indiferencia que hace saltar todas las barreras y que permite agotar completamente lo dado, el presente. La indudable certeza de su esclavitud le otorga una maravillosa libertad. Se trata para él de volcarse decididamente hacia alegrías sin día despues, todo le está permitido. El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente: ése es el ideal del hombre absurdo.

Tomas Ibañez - Actualidad del anarquismo

sábado, 18 de abril de 2015

Democracia directa y participación


El hecho de vivir en una sociedad en la que ciertos modelos de organización han llegado a convertirse en prácticas habituales puede provocar en las personas la equivocada percepción de que esos modelos forman parte de la naturaleza de las cosas.
Las instituciones sociales nos resultan algo familiar y natural: simplemente están ahí y funcionan con la misma naturalidad con la que las manzanas están en las ramas del árbol y terminan cayendo al suelo cuando maduran. Olvida que hay un largo proceso evolutivo que ha hecho posible que en un determinado momento arraigue.
Por las propias características de los seres humanos, poco hay de fijo y estable en las instituciones y los procedimientos que los mismos seres humanos establecemos para organizar nuestra vida en común. Somos, sin duda, animales sociales cuya supervivencia material depende de la capacidad que tenemos de organizarnos, compartiendo y repartiendo todas la tareas necesarias y regulando las relaciones, con frecuencia conflictivas y siempre complejas, que tenemos que establecer entre nosotros.

2 a. La institución de la democracia
En estos momentos, parecen gozar de aceptación, cuando menos retórica, los criterios que inauguran la modernidad. Según ésta serán mejores aquellas sociedades que: garanticen un mejor nivel de vida para todo el mundo (en el que se incluyen no sólo bienes materiales); incluyan a todas las personas como ciudadanos de pleno derecho cuya participación en la vida política es necesaria y deseable; respeten unos derechos fundamentales; logren la adhesión de las personas a las instituciones sociales y políticas sin recurrir a mecanismos de coacción y fuerza; y establezcan mecanismos adecuados para evitar la acumulación y concentración de poder en unos pocos. Lo que debe quedar claro es que este modelo de sociedades democráticas no es algo natural, sino el resultado de un esfuerzo deliberado de determinados grupos sociales que en un momento dado de la historia consideran que no es posible apelar a ninguna fundamentación externa (el orden divino, por ejemplo) de la vida política y que es
responsabilidad de los seres humanos, libres, autónomos y solidarios, el dotarse de las instituciones más adecuadas para la consecución de los objetivos propios de una vida en sociedad. No siempre se ha aspirado a construir sociedades democráticas y nada garantiza que esa aspiración vaya a durar para siempre.
La democracia da por supuesto que somos personas autónomas y libres, capaces de embarcarnos en proyectos comunes apelando exclusivamente al diálogo racional para solventar los problemas que pueda plantear nuestra convivencia. No obstante, las personas autónomas, libres y solidarias son al mismo tiempo el resultado de sociedades democráticas. un proceso de democratización se inicia cuando un grupo suficiente de personas decide exigir participar en condiciones de igualdad en la organización de la vida política y considera además que el resto de la sociedad debe implicarse en el proceso ejerciendo su libertad y autonomía; al mismo tiempo, conforme se avanza en el proceso de democratización las personas van consiguiendo un grado de autonomía, libertad y apoyo mutuo superior al que tenían cuando se embarcaron en esta apuesta democrática. De aquí se sigue que no resulta nada sencillo prever el momento final del proceso democrático, pues éste es más bien un proceso permanente de institución sin un punto final en el que se alcance la meta de una sociedad plenamente democrática, totalmente reconciliada consigo misma e íntegramente respetuosa de la heterogeneidad de los sujetos que la configuran. La democracia es algo que se hace, no que se tiene o en lo que se está. Es la acción social de las personas la que dota de vida y sentido a las democracias. consiste precisamente en la implicación de todas ellas en el esfuerzo por dotar de sentido a su vida en común.
Embarcarse en la construcción solidaria de sociedades democráticas es una apelación a la imaginación y a la libertad, es romper con seguridades ficticias y aceptar algo constitutivamente humano: la exigencia de hacerse cargo de la propia vida y encargarse de tomar las medidas adecuadas para que esa vida llegue a su plenitud.
Por eso mismo implica correr y aceptar riesgos, algo que no siempre resulta sencillo y de ahí el miedo a la libertad o la facilidad con la que en muchos casos los seres humanos están dispuestos a hacer dejación de su propia libertad, sometiéndose a una paradójica servidumbre voluntaria. Participar es, sin duda, gratificante, como lo es ser libre, pero exige esfuerzo y dedicación y no siempre está la gente dispuesta a hacerlo. Sólo si las condiciones impuestas son muy duras, es fácil que se dé la adecuada reacción exigiendo los propios derechos; de no llegar a ese punto, es posible que la gente tienda a aceptar que otras personas tomen decisiones por ellas.

2 b.Avances democráticos
Se trata de reconocer que los pasos que hemos dado en los últimos dos siglos en la dirección de sociedades democráticas han sido pasos dados con esfuerzo y sudor, y en muchos casos con sangre, por quienes no se resignaban a la ignominiosa tarea de obedecer a unas elites privilegiadas. El sufragio universal, un requisito básico de las sociedades democráticas, ha ido obteniéndose en algunos estados en sucesivos momentos del siglo XX; en algunos países apenas tiene cincuenta años de existencia y en otros todavía no está reconocido. Y el sufragio no agota ni mucho menos lo que caracteriza una democracia, pues puede darse también en sociedades no democráticas.
Debemos ser conscientes de que grupos de presión situados en posiciones de control en la toma de decisiones se muestran preocupados no por ese camino que nos queda por recorrer en la consolidación de sociedades democráticas, sino por el pequeño camino que ya hemos recorrido; para ellos hay un exceso, no un defecto de democracia. Es más, consideran que la intervención de todos los ciudadanos reclamando el respeto a sus derechos fundamentales, incluidos los sociales, económicos y culturales, ha convertido las sociedades democráticas en entes ingobernables.
En su sentido más genuino, la democracia significa literalmente el poder del pueblo; en su momento, en Grecia significó que los artesanos y los campesinos conseguían intervenir en condiciones de igualdad con los nobles en la gestión de los asuntos públicos, si bien nada se decía de las mujeres ni de los numerosos esclavos que también vivían y trabajaban en aquellas ciudades. Sin desaparecer del todo en el mundo romano (la lucha por la ciudadanía) ni en la edad media europea (las ciudades y los pactos entre monarquía y burguesía), esta idea básica recobró toda su fuerza cuando a lo largo del siglo XVIII fue la burguesía europea la que reclamó participar activamente en la vida política, segando el poder del que disfrutaba la nobleza y el alto clero. El proceso continuó con la inclusión progresiva de una parte mayor del pueblo en la toma de decisiones, pero se vio cercenado desde un primer momento por las limitaciones impuestas por las democracias parlamentarias que articularon —y redujeron— la participación popular a las elecciones de unos representantes cada cierto número de años, quienes se harían cargo de defender los intereses de quienes les habían votado. En sí mismo, el modelo de parlamentos formados por representantes supone ya una clara dejación del concepto de democracia; se pide a las personas que deleguen todo su poder en unos cuantos representantes, quienes sólo rendirán cuentas cada ciertos años y, si lo han hecho mal, a lo sumo pagarán el precio de no ser reelegidos.
Poco queda en los parlamentos de las asambleas cívicas en las que los ciudadanos discutían sobre sus problemas, llegaban a acuerdos cuando era posible y, de ser necesario, nombraban mandatarios
bien para ejecutar esos acuerdos bien para defenderlos en órganos o asambleas de coordinación.

2 c. Carencias de las democracias parlamentarias
La democracia parlamentaria representativa arrastra desde sus orígenes un déficit democrático. Por su propia definición, los representantes no mantienen ningún vínculo obligatorio con quienes les otorgaron, con su voto, el cargo; una vez elegidos, se encuentran abocados directamente a seguir las reglas del juego que determinan el comportamiento de los parlamentarios, obsesionados en general por el mantenimiento en su propio cargo. Son en realidad los partidos políticos quienes toman las decisiones y los parlamentarios deben someterse a la disciplina férrea del partido, bajo riesgo de ser cesados o expulsados de su propio partido. Éstos, por otra parte, se constituyen en burocracias cerradas, con una fuerte jerarquización en sus modos de funcionamiento.
Estos cargos son ocupados durante años, con reelecciones constantes que provocan un conjunto de intereses cerrados que ponen por delante de cualquier otra consideración la perpetuación en el cargo. Para conseguir estos objetivos espurios se fomenta el clientelismo, que más bien consiste en una regresión hacia modelos feudales en los que el vasallaje y la fidelidad personal sustentaban el orden político de la sociedad. El otro pilar básico para mantener el tinglado es la oscuridad en los procesos de discusión, la creciente falta de transparencia. Las decisiones más importantes se toman en ámbitos cerrados a la opinión pública y a los mismos afiliados de cada partido; en el momento de llegar a un congreso, la agenda y las grandes decisiones ya han sido tomadas en pequeño comité, lo que facilita, en general, las aprobaciones por amplísima mayoría sin apenas discusión ni discrepancia. La imprescindible participación ciudadana va menguando hasta quedar convertida en la votación cada cierto tiempo. Tímidas propuestas serían la imposibilidad de presentarse más de dos veces, pero no resulta difícil observar cómo no se produce nada parecido a una rotación en los cargos, menos todavía si tenemos en cuenta dónde prosiguen su actividad gran parte de los que han ocupado cargos importantes en el Parlamento o el gobierno. La rotación es todavía menor dentro de los partidos.
Para garantizar el control de la situación, recurren a un procedimiento profundamente antidemocrático: la ocultación de la información y la falta consiguiente de transparencia. No se trata sólo de que dificulten una comprensión de los problemas recurriendo a un vocabulario innecesariamente oscuro y esotérico, sino que directamente recurren a la desinformación o a la información sesgada que arroja cortinas de humo sobre los auténticos problemas, desvirtúa los datos y confunde, en algunos casos de manera intencionada, a las personas. Siendo, como es, la participación en los debates y la toma de decisiones una cuestión de capital importancia, podemos entender las consecuencias negativas que tiene el control y manipulación de la información.
Una ciudadanía desinformada, o mal informada, será siempre víctima de los intereses inconfesables de quienes ocupan las posiciones claves en la toma de decisiones. Lo mismo podemos decir de
una ciudadanía a la que se le roba la discusión sobre los temas realmente importantes, que pasan a ser discutidos y decididos en pequeños cenáculos de iniciados.

SENDEROS DE LIBERTAD - Félix García Moriyón 2009

miércoles, 4 de marzo de 2015

Los condenados de la ciudad

LOS CONDENADOS DE LA CIUDAD, Gueto, periferias y Estado
Loïc Wacquant, 2007




Capítulo 8. El advenimiento de la marginalidad avanzada: características e implicaciones

El trabajo parte de reconocer el crecimiento de las desigualdades en grandes ciudades en los últimos 20 años.

Seis propiedades distintivas del nuevo régimen de marginalidad
Establece tipos ideales, seis rasgos distintivos de la marginalidad avanzada, que permitirán abordar el análisis de la misma con mayor profundidad.

  1. El asalariado como vector de la inestabilidad y de la inseguridad social
-          En la etapa fordista la relación salarial era una garantía del bienestar.
-          El trabajo asalariado era fuente de homogeneidad, solidaridad y seguridad, hoy se ha vuelto inestable, heterogéneo, fuente de fragmentación y precariedad.
-          Flexibilidad laboral y las nuevas formas de empleo.
-          Se trata de una desocialización del trabajo asalariado.
-          Así como la relación salarial ha perdido su capacidad integradora, también se han perdido los elementos de seguridad del contrato social fordista-keynesiano: seguridad de empleo (Estado de Bienestar y políticas de pleno empleo), seguridad de ingresos (prestaciones sociales, seguro de desempleo) y seguridad del trabajo (ingreso al trabajo y despidos).

El autor plantea la clara diferencia entre la relación salarial que gobernó durante el fordismo en contraposición a la imperante durante el posfordismo. Durante las décadas de expansión fordista la relación salarial ofrecía una solución a los dilemas planteados por la marginalidad urbana. El trabajo asalariado se consideraba una fuente de homogeneidad social, de solidaridad y seguridad. En contraste, el nuevo régimen (posfordista) considera que la relación es un nuevo dilema a resolver, porque se ha vuelto inestable y heterogéneo, diferenciado y diferenciador, se ha convertido en una fuente de fragmentación y precariedad.
Dan cuenta de esto:
ü  la proliferación de empleos flexibles, de tiempo parcial o de horarios variables;
ü  los contratos de duración predeterminada que implican una cobertura social y médica reducida o inexistente;
ü  las escalas salariales diseñadas según el rendimiento y la fecha de contratación;
ü  la reducción media de los empleos y aumento correlativo de la tasa de rotación de los asalariados;
ü  la naturalización del maltrato;
ü  el resurgimiento de talleres de explotación dignos del SXIX;
ü  el retorno del trabajo por piezas y el empleo a domiciliario;
ü  el desarrollo del teletrabajo y de escalas de dos velocidades;
ü  la externalización del personal y la individualización de los planes de remuneración y de promoción;
ü  la multiplicación de situaciones de empleo ficticio o fáctico, impuestos como condiciones para recibir una ayuda social…
… todo lo anterior diseña una desocialización insidiosa del trabajo asalariado. El derecho al trabajo y la fragmentación del derecho social avalan esta diversificación desigual de los rasgos estatutarios y jurídicos del empleo. La relación social se convirtió en vector de inseguridad económica y de inestabilidad social.

Por debajo de la erosión de la capacidad integradora de la relación salarial, cada uno de los elementos de seguridad estipulados por el contrato social fordista-keynesiano ha quedado erosionado o convertido en objeto de ataques frontales: la seguridad del empleo, la seguridad en los ingresos y la seguridad del trabajo.
En síntesis, las raíces estructurales de la incertidumbre económica y de la precariedad social se han ramificado y extendiendo tanto en la superficie como en lo profundo.
En el plano espacial los efectos desestabilizadores de la diversificación del deterioro de la condición salarial se acumularon en las zonas urbanas en las que están concentrados los sectores inestables del nuevo proletariado posindustrial.

  1. La desconexión funcional de las tendencias macroeconómicas
-          Relación asimétrica entre nivel de desempleo y tendencias del mercado laboral.
-          Crecimiento sin empleo.

La marginalidad avanzada se halla cada vez más desconectada de las fluctuaciones cíclicas y de las tendencias globales de la economía. El ejemplo que pone el autor es que las condiciones sociales y posibilidades de vida en los barrios relegados de Europa y Estados Unidos no han sido afectadas en nada por lo años de prosperidad de la década de 1980 y la segunda mitad de 1990, sino que por el contrario han empeorado sensiblemente.
Se da una (i) relación asimétrica entre el nivel del desempleo y las tendencias del mercado laboral a nivel nacional e incluso regional, por una parte, y (ii) la situación material a nivel del barrio, por la otra y dada la (iii) pendiente actual de los beneficios de la productividad y la aparición de una especia de (iv) “crecimiento sin empleo”, se precisaría que las economías avanzadas alcanzaran tasas espectaculares de expansión para poder reabsorber en el mercado de trabajo a todos aquellos que han permanecido desplazados por él por tanto tiempo.
Lo cual implica que al no poder compartirse el trabajo disponible o garantizar una actividad o un ingreso recortado del salario, es muy posible que las políticas que buscan extender la esfera del empleo sean a la vez costosas e ineficaces, pues sus efectos no repercutirán sobre los nuevos parias urbanos salvo en proceso de propagación descendente luego de que todas las demás categorías menos desfavorecidas se hubieran beneficiado con esta ampliación.
(HINKELAMMERT llamó en América Latina al crecimiento sin empleo, “estancamiento dinámico”)

  1. Fijación y estigmatización territoriales
-       La marginalidad avanzada tiende a concentrarse en territorios aislados y claramente circunscriptos.
-       “Espacios penalizados” desde lo discursivo.
-       Prejuicio generalizado respecto de los habitantes de determinados territorios.
-       Estigmatización territorial
-       Ejemplo del barrio Sao Joao de Deus.

En lugar de estar diseminada, la marginalidad avanzada tiende a concentrarse en territorios aislados y claramente circunscriptos, cada vez más percibidos desde afuera y desde adentro, como lugares de perdición, a la manera de páramos urbanos de la ciudad posindustrial a la que sólo frecuentarían los desviados y los desechos de la sociedad.

Luego, el autor hace referencia a que Goffman (1963) no menciona el lugar de residencia entre las “desventajas” que pueden “descalificar al individuo” y privarlos de la “aceptación de los demás”. Dichos tipos de estigmas catalogados por Goffman son tres, las “deformidades del cuerpo”, las “fallas en el carácter” y las marcas de “raza, nación y religión”, es en el tercero, apunta el autor, en el que se parece al estigma territorial, pues “puede transmitirse por medio del linaje y contamina por igual a todos los miembros de la familia”. Pero a la inversa de estos últimos, puede ser fácilmente disimulado o atenuado por la movilidad geográfica.

En toda metrópolis del Primer Mundo, uno o varios distritos, barriadas o concentraciones de viviendas sociales son públicamente conocidos y reconocidos como esos infiernos urbanos en los que el peligro, el vicio y el desorden están a la orden del día. Incluso algunos adquieren el estatus de sinónimo nacional de todos los males y peligros que afligen a la ciudad. (Ejemplos: fuerte apache, villa 31, etc.) Incluso las sociedades que han resistido mejor el aumento de la marginalidad avanzada, como los países escandinavos, están afectadas por este fenómeno de estigmatización territorial vinculado a la emergencia de zonas reservadas a los parias urbanos.

En más, que esos lugares estén o no deteriorados, sean o no peligrosos y que su población esté o no compuesta sobre todo de pobres, de minorías y de extranjeros importa realmente poco: la creencia prejuiciosa de que sí lo son alcanza para desencadenar consecuencias socialmente deletéreas. Ejemplo Arg.: población que va a buscar trabajo y cambia la dirección para no ser desestimados de la selección.

Está relacionado con el ejemplo anterior lo que el autor comenta sobre la Periferia de Paris à Vivir en esos lugares provoca un sentimiento de culpa, por lo que es habitual que las personas disimulen su domicilio. Del mismo modo, los habitantes el gueto de Chicago niegan pertenecer a la micro-sociedad del barrio y se empeñan en tomar y marcar distancia con un lugar y una población que saben universalmente despreciada y de la cual los medios, los discursos políticos y cierta producción académica dan sin cesar una imagen envilecida.

El autor continúa reseñando que el agudo sentido de indignidad social que envuelve a los barrios de relegación no se puede atenuar sino transfiriendo su estigma sobre un otro demonizado y sin rostro: los vecinos de abajo, la familia inmigrante que vive en un inmueble medianera por medio, los jóvenes del otro lado de la calle de quienes se dice que se drogan…..Esta lógica de la denigración lateral y del distanciamiento mutuo, que tiende a deshacer un poco más los ya debilitados colectivos de las zonas urbanas desheredados, es difícil de contrarrestar en la medida en que, en palabras de Bourdieu,  el barrio estigmatizado degrada simbólicamente a quienes lo habitan y quienes, como contrapartida, lo degradan simbólicamente, pues no tienen nada en común salvo la excomunión.

A nivel de las políticas públicas, los efectos de la estigmatización territorial, se hacen sentir también, desde que un lugar es públicamente calificado como una “zona de no derecho”. Resultaría fácil para las autoridades, justificar medidas especiales, contrarias al derecho y a las costumbres, que pueden tener como efecto desestabilizar y marginar más aún a sus habitantes, someterlos a los dictados del mercado de trabajo desregulado, hacerlos invisibles o expulsarlos de un espacio codiciado. En muchos casos se buscan desocupar los barrios a fin de reinsertarlos en el mercado inmobiliario de la ciudad, sin preocuparse por la suerte de miles de habitantes desplazados. El autor pone el ejemplo del barrio Sao Joao de Deus en Oporto Portugal, donde el alcalde se valió de la reputación del lugar como hipermercado de drogas para lanzar una operación de renovación urbana que buscaba esencialmente expulsar y dispersar a los drogados, desocupados y otros desechos locales a fin de reinsertar a ese barrio en el mercado inmobiliario de la ciudad. Ejemplo Arg.: villa retiro

  1. La alienación espacial y la disolución del “lugar”
La otra cara de este proceso de estigmatización territorial es la disolución del “lugar”, es decir, la pérdida de un marco humanizado, culturalmente familiar y socialmente tamizado, con el que se identifiquen las poblaciones urbanas marginadas y dentro del cual se sientan “entre sí” y en relativa seguridad. Las teorías posfordistas sugieren que la reconfiguración en curso del capitalismo implica no sólo una vasta reorganización de las empresas y de los flujos económicos, de los empleos y de las personas en el espacio, sino una reformulación del espacio propio, donde los “lugares” comunitarios repletos de emociones compartidas y de significaciones comunes, soportes de prácticas y de instituciones de reciprocidad, se han visto rebajadas al rango de simples “espacios” indiferentes de competencia y de lucha por la vida.
El autor formula la diferencia entre ambos conceptos de la siguiente manera:
- “lugares”: son arenas estables, plenas y fijas.
- “espacios”: son vacíos potenciales, posibles amenazas, zonas a las que hay que temer, resguardarse o huir.
Ejemplo del autor: Hasta los años ´70 el gueto negro norteamericano era aún un “lugar”, un entramado colectivo, un paisaje urbano humanizado respecto del cual los negros experimentaban un fuerte sentimiento de identificación y sobre el cual deseaban establecer un control colectivo.
Hoy, el hiper-gueto es un espacio, y al ser desierto ya no es espacio común. Por el contrario, se ha transformado en un vector de división intracomunitaria y en instrumento de encierro del subproletariado negro, un territorio despreciado y vergonzoso del cual “todo el mundo trata de huir”.
Por tanto, el hiper-gueto, precisa el autor, se parece a un campo de batalla entrópico y peligroso dentro del cual se da una competencia entre cuatro protagonistas en la que se enfrentan:
  • Los depredadores callejeros independientes o pandillas que buscan arrebatar las pocas riquezas que aún circulan allí;
  • Los habitantes y sus organizaciones de base que se esfuerzan por preservar los valores de uso y de cambio de su barrio;
  • Los organismos de vigilancia y de control del Estado encargados de contener la violencia y el desorden
  • Los depredadores institucionales del exterior (en particular, promotores inmobiliarios)

  1. La pérdida de un país interno
A la erosión del lugar se agrega la desaparición de un país interno o de una base interna viable.
En las fases anteriores de crisis y reestructuración, los trabajadores temporariamente rechazados fuera del mercado laboral podían replegarse en la economía social de su colectividad de origen, una densa y sólida red de organizaciones de vecino ayudaba a amortiguar el golpe de las dificultades económicas. En el posfordismo, para sobrevivir deben recurrir a estrategias individuales de “autoaprovisionamiento”, de trabajo en negro, de comercio subterráneo, de actividades criminales y de “deterioro” casi institucionalizado, dentro de un esquema de trabajo informal que refuerza las estructuras de desigualdad.
A su vez, las características de la economía informal también han cambiado, está cada vez más autonomizada y separada del sector oficial del empleo asalariado. Se sigue de ello, que sus circuitos ofrecen cada vez menos puntos de ingreso al mundo del trabajo “regular”.

  1. Fragmentación social y estallido simbólico o la génesis inacabada del “precariado”
La marginalidad avanzada difiere además de las formas anteriores de pobreza urbana, en que se desarrolla en un contexto de descomposición de clase, más que de consolidación de clase. Se encuentran por tanto desconectados de las herramientas tradicionales de movilización y de representación de los grupos constituidos y, correlativamente, desprovistos de un lenguaje, de un repertorio de imágenes y de signos compartidos a través del cual concebir un destino colectivo e imaginar futuros alternativos (desregulación simbólica). La ausencia de un idioma común alrededor y por medio de cual podrían unificarse, acentúa la fragmentación de los pobres de hoy. Los sindicatos de trabajadores se muestran poco aptos para lidiar con problemas fuera de la esfera del trabajo asalariado regular, y las nacientes organizaciones sociales resultan demasiado frágiles.
El precariado*, que permanece en estado de simple aglomeración compuesta, fragmentada, integrada por individuos y categorías heterogéneas entre si y definidas negativamente por la privación social, las carencias materiales y el déficit simbólico, sólo mediante un trabajo estrictamente político de agregación y de representación, pueden esperar acceder a la acción colectiva. Pero ese trabajo esta fuertemente afectado por las características constitutivas del precariado, “grupo nacido muerto”, que no puede constituirse mas que para deshacerse de inmediato.


*Diferencia entre precariado y proletarizado. El precariado son las franjas precarias del proletariado. Precariado: grupo nacido muerto, no hay consolidación de un grupo. Proletarizado: perteneciente a la clase obrera. 

jueves, 7 de agosto de 2014

Propiedad pública y Propiedad común

El objetivo reconocido del socialismo es sacar los medios de producción de manos de la clase capitalista y ponerlos en manos de los obreros. De este objetivo se habla a veces como de propiedad pública, a veces como de propiedad común, del aparato de producción. Hay, sin embargo, una diferencia marcada y fundamental.

La propiedad pública es la propiedad, es decir, el derecho de disposición, de un cuerpo público que representa a la sociedad, del gobierno, el poder estatal o algún otro cuerpo político. Las personas que forman este cuerpo, los políticos, funcionarios, dirigentes, secretarios, gerentes, son los amos directos del aparato de producción; ellos dirigen y regulan el proceso de producción; ellos mandan a los obreros. La propiedad común es el derecho de disposición por los obreros mismos; la propia clase obrera --tomada en el sentido más amplio de todos los que comparten el trabajo realmente productivo, incluyendo a los empleados, campesinos, científicos-- es el ama del aparato de producción, gestionando, dirigiendo y regulando el proceso de producción que es, de hecho, su trabajo común.


Bajo la propiedad pública los obreros no son amos de su trabajo; pueden ser mejor tratados y sus salarios pueden ser más altos que bajo la propiedad privada; pero son todavía explotados. La explotación no significa simplemente que los obreros no reciben el pleno producto de su trabajo; una parte considerable debe siempre gastarse en el aparato de producción y para las secciones improductivas aunque necesarias de la sociedad. La explotación consiste en que otros, formando otra clase, disponen del producto y de su distribución; que ellos deciden qué parte se asignará a los obreros como salarios, qué parte retienen para ellos y para otros propósitos. Bajo la propiedad pública esto pertenece a la regulación del proceso de producción, que es la función de la burocracia. Así, en Rusia la burocracia como clase dominante es la dueña de la producción y del producto, y los obreros rusos son una clase explotada. 

En otras palabras: la estructura del trabajo productivo sigue siendo como es bajo el capitalismo; los obreros subordinados a directores que mandan.


Como una corrección a la producción gestionada por el Estado, a veces se reivindica el control obrero. Ahora, solicitar control, supervisión, a un superior, indica la actitud sumisa de objetos de explotación desvalidos. Y entonces usted puede controlar el asunto de otro hombre; lo que es su propio asunto usted no lo quiere controlado, usted lo hace. El trabajo productivo, la producción social, es el asunto genuino de la clase obrera. Es el contenido de su vida, su propia actividad. Pueden cuidar de sí mismos si no hay ninguna policía o poder estatal para mantenerles apartados. Tienen las herramientas, las máquinas en sus manos, las usan y las manejan. Ellos no necesitan amos que les manden, ni finanzas[1] para controlar a los amos.

La propiedad pública es el programa de los “amigos” de los obreros que, dada la dura explotación del capitalismo privado, desean sustituirla por una explotación modernizada más apacible. La propiedad común es el programa de la propia clase obrera, luchando por su autoliberación.

No hablamos aquí, por supuesto, de una sociedad socialista o comunista en una fase posterior de desarrollo, cuando la producción será organizada de tal modo que no constituya ya nunca más algún problema, cuando a partir de la abundancia de productos todo el mundo tome de acuerdo con sus deseos y el concepto de "propiedad" entero haya desaparecido. Hablamos del período en que la clase obrera ha conquistado el poder político y social y está ante la tarea de la organización de la producción y la distribución bajo las condiciones más difíciles. La lucha de clase de los obreros en los días presentes y en el futuro cercano estará fuertemente determinada por sus ideas sobre los objetivos inmediatos --la propiedad pública o la común-- a ser realizados en ese período.

Si la clase obrera rechaza la propiedad pública con su servidumbre y explotación, y reivindica la propiedad común con su libertad y autogobierno, no puede hacerlo sin cumplir las condiciones y hacerse cargo de los deberes. La propiedad común de los obreros implica, primero, que la integridad de los productores es la dueña de los medios de producción y los hace funcionar en un sistema bien planificado de producción social. Implica, en segundo lugar que, en todos los talleres, factorías, empresas, el personal regule su propio trabajo colectivo como parte del todo. Así, tienen que crear los órganos por medio de los cuales dirigen su propio trabajo, como plantilla, lo mismo que dirigen la producción social en sentido amplio. Las instituciones del Estado y el gobierno no pueden servir para este propósito, porque son esencialmente órganos de dominación, y concentran los asuntos generales en manos de un grupo de gobernantes. Pero bajo el socialismo los asuntos generales consisten en la producción social; de modo que es la incumbencia de todos, de cada plantilla, de cada obrero, el discutirlos y decidirlos en todo momento por sí mismos. Sus órganos deben consistir en delegados enviados como portadores de su opinión, y estarán continuamente retornando e informando sobre los resultados a los que se llegase en las asambleas de delegados. Por medio de tales delegados, que pueden ser cambiados y revocados en cualquier momento, se puede establecer la conexión de las masas trabajadoras en grupos más pequeños y más amplios y puede asegurarse la organización de la producción.

Tales cuerpos de delegados, para los que se ha utilizado el nombre de consejos obreros, forman lo que podría llamarse la organización política apropiada para la autoliberación de la clase obrera de la explotación. No pueden ser inventados de antemano, tienen que formarse mediante la actividad práctica de los obreros mismos cuando los necesiten. Tales delegados no son parlamentarios, ni gobernantes, ni dirigentes, sino mediadores, mensajeros expertos, formando la conexión entre el personal separado de las empresas, combinando sus opiniones separadas en una resolución común. La propiedad común exige dirección común del trabajo tanto como actividad productiva común; sólo puede ser realizada si todos los obreros toman parte en esta autogestión de lo que es la base y el contenido de la vida social; y si van a crear los órganos que unan sus voluntades separadas en una acción común.


Dado que tales consejos obreros van a jugar, sin duda, un papel considerable en la organización futura de las luchas y objetivos de los trabajadores, merecen una atención aguda y estudio por parte de todos los que están por la lucha intransigente y la libertad de la clase obrera.

Anton Pannekoek. Western Socialist (El Socialista Occidental), noviembre de 1947.

martes, 29 de abril de 2014

La educación liberadora de Paulo Freire

La pedagogía liberadora podría definirse como la corriente político-pedagógica nacida en América Latina a fines de los 50´cuyo principal mentor fue Paulo Freire. La misma cuestiona los sistemas educativos tendientes a domesticar, a perpetuar las relaciones de poder, a anular el pensamiento critico y a generar sujetos pasivos no involucrados con el cambio social y la realidad. Propone la construcción mancomunada del conocimiento entre educador-educando (rol cambiante) y apuesta al reconocimiento de una realidad dinámica como construcción histórico-cultural.

Fragmentos de "Pedagogía del oprimido"

En la educación liberadora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a si mismo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo. El educador ya no es solo el que educa, sino que, en tanto educa es educado a través del dialogo con el educando, quien al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en el que crecen juntos y en el cual los argumentos de la autoridad ya no rigen.


Así una educación liberadora debe ser una educación dialogica. No hay dialogo si no existe fe en los hombres, en su capacidad de crear, de ser mas. El hombre dialogico sabe que el poder de hacer, de crear, de transformar es un poder de los hombres y sabe también que ellos tienen, enajenados en una situación concreta ese poder disminuido. El hombre dialogico sabe que este poder puede constituirse, no gratuitamente, sino mediante la lucha por su liberación. Con la instauración del trabajo libre y no esclavo, trabajo que otorgue la alegría de vivir. Sin esta fe en los hombres es dialogo se transforma en manipulación paternalista. Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa. Hablar de humanismo y negar a los hombres una mentira. La deshumanización, que resulta del orden injusto, no puede ser razón para la perdida de la esperanza, sino, por el contrario, debe ser motivo de una mayor esperanza, la que conduce a la búsqueda incesante de la instauración de la humanidad negada en la injusticia. Para el pensar ingenuo lo importante es la acomodación al presente normalizado, para el pensar critico, la permanente transformación de la realidad, con vistas a una permanente humanizacion de los hombres.
Para el educador-educando dialogico , el contenido programático de la educación no es una donación, o una imposición, sino la devolución organizada, sistematizada y acrecentada al pueblo de aquellos elementos que este le entrego en forma inestructurada. Quien actúa sobre los hombres para, indoctrinandolos, adaptarlos cada vez mas a la realidad que debe permanecer intocada, son los dominadores. lamentablemente en este engaño de la verticalidad de la programación caen muchas veces los revolucionarios. El empeño de los humanistas no puede ser el de la lucha de sus slogans con los slogans de los opresores, teniendo como intermediarios a los oprimidos, como si estos fuesen alojadores de los slogans de unos y otros. Debe centrarse en que los oprimidos tomen conciencia de que por el hecho mismo de estar siendo alojadores de los opresores, como seres duales, no están pudiendo ser. Lo que se debe hacer es plantear al pueblo,a través de ciertas contradicciones básicas, su situación existencial, concreta, presente, como problema que a su vez lo desafía, y haciéndolo le exige una respuesta, no a nivel intelectual, sino a nivel de la acción.

Los hombres se encuentran con las denominadas “situaciones limites”, que limitan su actividad, su capacidad de acción, por los condicionamientos que se les ha impuesto en la vida, pero que no son barreras infranqueables. En el momento mismo en que los hombres los aprehendan como frenos se revela como lo que realmente son, dimensiones concretas e históricas de una realidad determinada. Dimensiones desafiantes de los hombres que inciden sobre ellas a través de las acciones que Vieira Pinto llama “actos limites” aquellos que se dirigen a la superación y negación de lo otorgado., en lugar de implicar su aceptación dócil y pasiva. Por ello los temas se encuentran en las relaciones hombres-mundo. El conjunto de temas en interacción constituye el universo temático de la época. Frente a este universo de temas que dialecticamente se contradicen, los hombres toman sus posiciones, también contradictorias, realizando tareas unos en favor de la mantencion de las estructuras, otros en favor del cambio. Los temas se encuentran encubiertos por las “situaciones limites” que se presentan a los hombres como si fuesen determinantes históricas, aplastantes, frente a los cuales no cabe otra alternativa, sino adaptarse a ellas. De este modo, los hombre no llegan a superar las”situaciones limites” ni a descubrir y divisar mas allá de ellas y en relación contradictoria con ellas, el inéditos viable. De este modo se impone a la acción liberadora, que es histórica, sobre un contexto también histórico, la exigencia de que este en relación de correspondencia, no solo con los temas generadores, sino con la percepción que de ellos estén teniendo los hombres. Esta exigencia implica necesariamente una segunda: la investigación de la temática significativa. Los temas generadores pueden ser localizados en círculos concéntricos que parten de lo mas general a lo mas particular. como tema fundamental esta el de la liberación que implica a su contrario, el tema de la dominación.
En la medida en que la captación del todo que se ofrece a la comprensión de los hombres, este se les presenta como algo espeso que les envuelve y que no llegan a vislumbrar, se hace indispensable que la búsqueda se realice a través de la abstracción, es decir partir de lo abstracto hasta llegar a lo concreto. Así se consigue un reconocimiento del sujeto en el objeto y del objeto como la situación en que esta el sujeto. Con ello se consigue una superación de la abstracción con la percepción critica de lo concreto.

Investigar el tema generador es investigar el pensamiento de los hombres referido a la realidad, es investigar su actuar sobre la realidad. Es importante que en la investigación temática participen tanto los investigadores como los hombres del pueblo, que aparentemente serian su objeto(los mas concienciados al menos) En la investigación de los temas, que se realiza mediante dialogo con la gente del pueblo importa desde el punto de vista del investigador, detectar el punto de partida de los hombres en su modo de visualizar la objetividad, verificando si durante el proceso se observa o no alguna transformación en su modo de percibir la realidad. Es preciso saber que las aspiraciones, los motivos, las finalidades que se encuentran implícitas en la temática significativa, son humanos. Por eso no son cosas petrificadas, sino que están siendo. Son tan históricas como los hombres. En el proceso de búsqueda de la temática significativa ya debe estar presente la preocupación por la problematizacion de los propios temas. Por sus vínculos con otros. Por su envoltura histórico cultural. La investigación del pensar del pueblo no puede hacerse sin el pueblo, sino con el. El programa educativo nace del dialogo con el pueblo, refleja sus anhelos y esperanzas.
El primer paso seria hablar con la gente del pueblo para explicar el objetivo de la investigación y conocer los interesados en participar, después estimular a los presentes para que algunos de ellos se animen a participar directamente en la investigación como auxiliares. El grupo investigador, visualizando el área como una totalidad, intentara, visita tras visita, realizar la escisión de esta, en el análisis de las dimensiones parciales que les van impactando. En la medida en que realizan la decodificación de esta codificación viva, sea por la observación de los hechos, sea a través de la conversación informal con los habitantes del área, irán registrando aquellas que, aparentemente, son poco importantes. El modo de conversar de los hombres, su forma de ser, su comportamiento en el trabajo, su lenguaje etc. Todo ello en momentos distintos del día, horas de trabajo, tiempo libre etc.
Los investigadores redactan informes de lo observado en cada visita para después discutirlo en grupo con todos los investigadores y auxiliares. De este modo, la escisión que cada uno hace de la realidad se va totalizando en la readmiracion que hacen de la admiración, y Así se van aproximando a los núcleos centrales de las contradicciones principales y secundarias en que están envueltos los individuos del área. Lo básico, a partir de la percepción inicial de este núcleo de contradicciones, entre las cuales estará incluida la principal de la sociedad como unidad epocal mayor, es estudiar a que nivel de percepción de ellas se encuentran los individuos del área.(investigar que conciencia tienen con respecto a las situaciones limites.)

La segunda fase de la investigación comienza cuando los investigadores, con los datos que recogieron, llegan a la aprehensión del conjunto de contradicciones. A partir de este momento, siempre en equipo, se escogerán algunas de estas contradicciones, con las que se elaboraran las codificaciones(pueden realizarse de diversas formas, desde audios hasta imágenes) que servirán para la investigación temática. Una primera condición debe ser que representen situaciones conocidas por los individuos cuya temática se busca detectar, lo que las hace reconocibles para ellos, posibilitando, de este modo, su reconocimiento en ellas. En la medida en que representan situaciones existenciales , las descodificaciones deben ser simples en su complejidad, y ofrecer posibilidades múltiples en el análisis de su decodificación, lo que evita el dirigismo masificador de la codificación propagandistica. Las codificaciones no son slogans, son objetos cogniscibles, desafíos sobre los que debe incidir la reflexión critica de los sujetos descodificadores. Al ofrecer posibilidades múltiples de análisis en el proceso de decodificación, las codificaciones en la organización de sus elementos constitutivos deben ser una especie de abanico temático. de esta forma, en la medida en que los sujetos descofidicadores incidan su reflexión critica sobre ellas, irán abriéndose en dirección de otros temas.
En el proceso de decodificación los individuos, exteriorizando su temática, explicitan su conciencia real de la objetividad. En la medida en que al hacerlo, van percibiendo como actuaban al vivir la situación analizada, llegan a lo denominado percepción de la percepción anterior. Dado que la decodificación es en el fondo, un acto cogniscente, realizado por los sujetos descodificadores, y como este acto recae sobre la representación de una situación concreta, abarca igualmente el acto anterior con el cual los mismos individuos habían aprehendido la misma realidad que ahora se representa en la codificación. promoviendo la percepción de la percepción anterior t el conocimiento del conocimiento anterior, la decodificación promueve, de este modo, el surgimiento de una nueva percepción y el desarrollo de un nuevo conocimiento. De esta forma se consigue una concienciación que consigue superar la situación limite y se transforma en acción.

Una vez preparadas las codificaciones y estudiados por los investigadores todos los posibles ángulos temáticos contenidos en ellas, los investigadores inician la tercera etapa de la investigación.
Se comienza entonces con los diálogos descodificadores en la que participa la gente del pueblo. En estas clases descodificadoras deben estar presentes los representantes del pueblo para participar críticamente en el proceso. Además del investigador como coordinador auxiliar asistirán un psicólogo y un sociólogo, cuya tarea será la de registrar las reacciones mas significativas o aparentemente poco significativas de los sujetos descodificadores. En el proceso de decodificación, cabe al investigador auxiliar de esta, no solo escuchar a los individuos, sino desafiarlos cada vez mas, problematizando por un lado, la situación existencial codificada, y por otro, las propias respuestas que van dando aquellos a lo largo del dialogo.
De este modo, los participantes del circulo de investigación temática van extroyectando, una serie de sentimientos, de opiniones de si, del mundo y de los otros que posiblemente no extroyectarian en circunstancias diferentes.

Ejemplo: En una investigación realizada en Santiago al discutir un grupo de individuos una escena en que aparecía un hombre embriagado, que caminaba por la calle, y en la esquina tres hombres conversaban, los participantes del circulo de investigación afirmaban:”ahí el borracho apenas es productivo y útil a la nación, el borracho que viene de vuelta a casa, después del trabajo, donde gana poco, preocupado por la familia, cuyas necesidades no puede atender””Es el único trabajador””El es un trabajador decente como nosotros, que también somos borrachos”El interés del investigador, el psiquiatra Patricio Lopez, era estudiar aspectos del alcoholismo. Sin embargo, probablemente no hubiera conseguido estas respuestas si se hubiese dirigido a estos individuos con un cuestionario elaborado por el mismo. Tal vez al preguntarselo directamente, negaran, incluso, que bebían de vez en cuando. Frente a la codificación de la situación existencial, reconocible por ellos y en la cual se reconocían, en relación dialogica entre si y con el investigador, dijeron lo que realmente sentían. Hay dos aspectos importantes en las declaraciones de estos hombres. Por un lado la relación expresa entre ganar, sentirse explotados con un salario que nunca alcanza y su borrachera. Se embriagan como una especie de evasión de la realidad, como una tentativa por superar su frustración de su no actuar. Una solución en el fondo autodestructiva, necrofila. Por otro lado la necesidad de valorar al que bebe. Era el “único útil a la nación, porque trabajaba, en tanto los otros lo que hacían era hablar mal de la vida ajena.”Además, la valoración del que bebe, su identificación con el, como trabajadores que también beben. Trabajadores decentes.
Imaginemos ahora el fracaso de un educador moralista, que fuera a predicar a estos hombres contra el alcoholismo, presentadonles como ejemplo de virtud lo que, para ellos, no es manifestación alguna de virtud.
El único camino a seguir, en este caso como en otros, es la concienciación de la situación, prepara a los hombres, para la acción, para la lucha contra los obstáculos a su humanizacion.

En otra charla con campesinos, la tónica del debate era siempre la reivindicación salarial y la necesidad de unirse, de crear su sindicato para esta reivindicación y no para otra. Imaginemos un educador que organizase su programa educativo para estos hombres, y les propusiera textos que consideraría saludables,y en los cuales se habla angelicalmente de que “el ala es del ave”. Y esto es lo que se hace normalmente en la acción educativa como en la política, porque no se tiene en cuenta que la dialogicidad de la educación comienza con la investigación temática.

La ultima etapa comienza cuando los investigadores, una vez terminadas las descodificaciones en los círculos, dan comienzo al estudio sistemático e interdisciplinario de sus hallazgos.
En un primer momento, escuchando grabación por grabación, todas las que fueron hechas de las descodificaciones realizadas y estudiando las notas tomadas por el psicólogo y por el sociólogo, observadores del proceso descodificador, van arrojando los temas explícitos o implícitos en afirmaciones hechas en los “círculos de investigación”. Los temas deben ser clasificados en un cuadro general de ciencias, pero no formando parte de departamentos de estanco, sino para delimitarlos. Al contrario los temas deben recibir el enfoque de diversas ciencias(sociológica, economía…) Después los especialistas(cada uno en su campo) realizaran el proceso de reducción de cada tema, que consiste en buscar sus núcleos fundamentales que, constituyendose en unidades de aprendizaje y estableciendo una secuencia entre si, dan la visión general de tema reducido. En este proceso se vera la necesidad de añadir algunos temas, temas visagra, ya que pueden facilitar la comprensión entre dos temas o porque encierran relaciones a ser percibidas entre el contenido general de la programación y la visión del mundo que este teniendo el pueblo. El concepto antropológico de cultura es uno de estos temas visagra. Aclara, a través de su comprensión, el papel de los hombres en el mundo y con el mundo, como seres de la transformación y no de la adaptación. Después de la reducción se debe codificar el tema, eligiendo el canal mas adecuado para cada caso(visual, pictórico, gráfico…) Una vez elaborado el programa, con la temática ya reducida y codificada se confecciona el material didáctico(fotos, diapositivas…)

Otro recurso didáctico dentro de una visión problematizadora y no bancaria, seria la lectura y discusión de artículos de revistas, diarios, capítulos de libros…Es interesante por ejemplo el análisis de los editoriales de prensa, el debatir acerca del porque los diarios se manifiestan de forma diferente sobre un mismo hecho. Que el pueblo entonces desarrolle su espíritu critico para que, al leer los diarios o al oír el noticiero de las emisoras de radio no lo haga pasivamente, como objeto de los comunicados que le prescriben, sino como una conciencia que necesita liberarse.

Una vez preparado el material, a lo que se añadirían lecturas previas sobre toda esta temática, el equipo de educadores estará preparado para devolversela al pueblo, sistematizada y ampliada. Temática que saliendo de el, vuelve ahora a el, como problemas que deben descifrar, y no como contenidos que deban ser depositados en el pueblo.
El primer trabajo de los educadores de base será la presentación del programa general de labor que se iniciara. Programa con el cual el pueblo se identificara, frente al que no se sentirá como extraño, puesto que en el se inicio. Se explicara la presencia de los temas bisagra y su significado.
Lo importante, desde el punto de vista de la educación, liberadora y no bancaria, es que los hombres se sientan sujetos de su pensar, discutiendo su pensar, su propia visión del mundo, manifestada implicita o explicitamente en sus sugerencias y en las de sus compañeros.

viernes, 7 de febrero de 2014

El orden actual como resultado de la interaccion de las fuerzas sociales

Admito que el orden actual, tanto el político como el civil y el social existentes en cada país, es el resumen final o el resultado del choque, de la lucha, del triunfo y de la aniquilación mutua, como así también de la combinación e interacción de todas las fuerzas heterogéneas, tanto internas como externas, que operan en un país y actúan sobre él. ¿Qué se deduce de esto? En primer lugar, que es posible un cambio del orden dominante y que tal cambio sólo puede darse como resultado de la modificación del equilibrio de fuerzas que actúan en una sociedad.

Lo cierto es que desde el comienzo de la historia, en todos los países -aun en los más cultos e inteligentes- la suma total de las fuerzas sociales está dividida en dos categorías principales, que difieren esencialmente entre sí y casi siempre se oponen. Una categoría abarca las fuerzas inconscientes, instintivas, tradicionales y, por así decirlo, elementales, las que están escasamente organizadas aunque vivas y en movimiento, mientras que la otra presenta una suma incomparablemente menor de fuerzas conscientes, organizadas, unidas con vistas a un fin y que actúan y se estructuran mecánicamente según un plan dado. La primera categoría abarca varios millones de personas y en muchos sentidos una considerable mayoría de las clases instruidas y privilegiadas e inclusive las capas inferiores de la burocracia y del ejército; la clase gobernante, militar y burocrática, por su naturaleza esencial, las ventajas de su posición y su expeditiva organización, más o menos mecánica, pertenece a la segunda categoría, con el gobierno como centro. En una palabra, la sociedad se halla dividida en una minoría compuesta de explotadores y una mayoría que comprende la inmensa masa popular, explotada con mayor o menor conciencia por los otros.

Por cierto, resulta prácticamente imposible dibujar una línea firme e inflexible que separe un mundo de otro. En la sociedad, como en la naturaleza, las fuerzas más contrarias se tocan en los extremos. Pero podemos decir que entre nosotros, por ejemplo, son los campesinos, la pequeña burguesía y los plebeyos quienes representan a los explotados. Sobre ellos se levantan en el orden jerárquico todos los estratos que a medida que se acercan a la gente común más pertenecen a la categoría de los explotados y menos explotan a los demás e, inversamente, cuanto más se alejan del pueblo, más forman parte de la categoría de los explotadores y menos sufren ellos mismos la explotación.

Las capas sociales que se elevan en escalón por encima del campesinado, del obrero, la clase media y de las corporaciones de comerciantes, que sin duda explotan al pueblo, pero que a su vez son explotadas por las que estan sobre ellos: las corporaciones financieras y la burocracia estatal.

En la cima de esta escala se ubica un pequeño grupo que representa a la categoría de los explotadores en su sentido más puro y activo: los altos funcionarios militares, civiles y eclesiásticos y, con ellos, los que ocupan la cúpula del mundo financiero, industrial y comercial, que devoran -con el consentimiento y bajo la protección del Estado- la riqueza, o mejor dicho, la pobreza del pueblo.

El interrogante es ahora este: ¿Como pudo llegar a darse esta monstruosa desproporción? ¿Como es posible que de los millones que forman la sociedad pertenezcan el 60 al 80% al pueblo llano y el 20 o 30% pertenezcan a los intermedios y un 10 % para la categoría del gran capital? ¿Como es posible que ese 20% explote impunemente al 80%? ¿Acaso tiene ese 20% mayor fuerza física o inteligencia natural que el 80% restante? Basta plantear la pregunta para contestarla negativamente.

Sí, la educación es una fuerza, y por muy distorsionada, superficial y deficiente que sea la educación de las clases superiores, no hay duda que, unida a otras causas, contribuye poderosamente a conservar el poder en manos de una minoría privilegiada. Pero aquí surge este interrogante: ¿por qué es educada la minoría en tanto que la inmensa mayoría permanece sin educación? ¿Acaso la minoría tiene más capacidad en ese sentido? De nuevo basta plantearse esta pregunta para contestarla negativamente. Existe más capacidad en la masa del pueblo que en la minoría, lo que significa que esta última goza del privilegio de la educación por razones completamente diferentes.

La razón es, por supuesto, por todos conocida: la minoría ha estado desde tiempo atrás en una posición que le permite acceder a la educación y conserva todavía esa posición, mientras que la masa del pueblo no puede lograr ninguna educación; o sea, la minoría ocupa la ventajosa posición de los explotadores mientras que el pueblo es la víctima de su explotación. Esto significa entonces que la actitud de la minoría explotadora con respecto al pueblo explotado ha sido determinada antes del momento en que la minoría comenzó a esforzarse por conservar el poder mediante la educación.

Una vez lograda la consolidación, los estratos privilegiados continúan desarrollando y fortaleciendo su dominio sobre las masas por medio del crecimiento natural y de la herencia. Los hijos y los nietos de los fundadores de las clases gobernantes se convierten en explotadores cada vez más poderosos, en virtud principalmente de su posición social y no de la existencia de un plan consciente o elaborado. Como resultado de un complot, el poder se concentra más y más en manos de un Estado soberano y la minoría que se ubica junto a él hace de la explotación de las masas -en la medida en que lo hace la gran mayoría de la clase explotadora- su función habitual, tradicional, ritual y aceptada con mayor o menor grado de ingenuidad.

Poco a poco, en medida siempre creciente, la mayoría de los explotadores, por su nacimiento y posición social heredada, comienzan a crecer seriamente en sus derechos innatos e históricos. Y no solamente ellos, sino también las masas explotadas, sometidas a la influencia de los mismos hábitos tradicionales y al perjudicial efecto de malintencionadas doctrinas religiosas, comienzan a creer en los derechos de sus explotadores y verdugos, y continúan creyendo hasta que su capacidad de sufrimiento llega al borde, despertando en ellos una conciencia diferente.

Esta nueva conciencia surge y se desarrolla muy lentamente en las masas. Pueden pasar siglos antes de que comience a agitarse, pero una vez que comienza a hacerlo no existe fuerza capaz de detener su curso. La gran tarea en el arte de gobernar es evitar, o al menos retardar en lo posible, el despertar de la conciencia del pueblo.

La lentitud del desarrollo de la conciencia racional del pueblo tiene dos causas: primero, el pueblo abrumado por el duro trabajo y más aún por las angustiantes preocupaciones de la vida cotidiana, y segundo, su posición política y económica lo condena a la ignorancia. La pobreza, el hambre, la agotadora faena y la opresión continua bastan para quebrar al hombre más fuerte e inteligente. Agréguese a ello la ignorancia y pronto se llegará a admirar a este pobre pueblo que se arregla, si bien lentamente, para avanzar, y no se torna -por el contrario- más torpe año tras año. El conocimiento es poder, la ignorancia es la causa de la impotencia social. Es la ignorancia principalmente la que impide al pueblo adquirir conciencia de sus intereses comunes y de su inmenso poder numérico. Es la ignorancia la que le impide elaborar una comprensión compartida y formar una organización subversiva contra el robo y la opresión organizados, contra el Estado. Por consiguiente, todo Estado precavido empleará cualquier medio para conservar la ignorancia del pueblo, condición sobre la cual descansan el poder y la existencia misma del Estado.

Así como el Estado el pueblo está condenado a la ignorancia, las clases gobernantes están destinadas, por su posición en él, a llevar adelante la causa de la “civilización del Estado”. Hasta ahora no ha habido otra civilización en la historia que la civilización de la clase gobernante. El verdadero pueblo, el pueblo laborioso, fue sólo la herramienta y la víctima de esa civilización. Su pesado y brutal trabajo creó las condiciones materiales para la cultura social, que a su vez incrementó el poder de dominación de las clases gobernantes, en tanto éstas recompensaban al pueblo con pobreza y esclavitud.

Si la educación clasista continúa progresando mientras las mentes del pueblo permanecen en el mismo estado, la esclavitud se intensificará más con cada nueva generación. Pero afortunadamente no se da ni un avance ininterrumpido por parte de las clases gobernantes ni una inercia absoluta por parte del pueblo.

En la medida en que la inteligencia y el vigor de las clases dominantes se deteriora, continúan aumentando la inteligencia y por tanto el poder del pueblo. En el pueblo, por lento que haya sido su movimiento hacia la liberación, y por más que muchos textos puedan estar fuera de su alcance, el proceso de verdadero avance no se ha detenido jamás. El pueblo tiene dos libros de los cuales aprender: uno es la amarga experiencia de privaciones, opresión, despojo y tormentos infringidos por el gobierno y las clases dominantes; otro es la viviente tradición oral, que se transmite de generación en generación, ampliándose siempre su alcance y volviéndose más racional su contenido. Con la excepción de momentos muy escasos en que el pueblo intervino en una etapa de la historia como actor principal, su papel se ha limitado al de espectador del drama de la historia, y si tomó parte en él, fue en la mayoría de los casos como supernumerario, empleado como instrumento y por coerción.

En las luchas intestinas de las facciones, la ayuda del pueblo siempre ha sido requerida, prometiéndosele toda clase de beneficios como recompensa. Pero, apenas terminada la batalla con la victoria de uno u otro grupo o con la avenencia mutua, las promesas hechas al pueblo fueron olvidadas. Además, es el pueblo quien siempre ha debido pagar las pérdidas provocadas por esos conflictos. La reconciliación o la victoria sólo pueden tener lugar a expensas del pueblo. Y esto no puede haberse dado de otra manera y será siempre así hasta que las condiciones económicas y políticas sufran un cambio radical.

¿En torno de qué giran todas las pendencias de las facciones? En torno de la riqueza y del poder. ¿Y qué son la riqueza y el poder sino dos formas inseparables de la explotación del trabajo del pueblo y de su poder no organizado? Todas las facciones son fuertes y ricas sólo en virtud del poder y la riqueza robados al pueblo. Esto significa que la derrota de cualquiera de ellas es en realidad la derrota de una parte del poder del pueblo; las pérdidas y la ruina material sufridas por él representan la ruina de la riqueza del pueblo.

Empero, el triunfo y el enriquecimiento de la facción victoriosa no solamente fracasa en beneficiar al pueblo, sino que en verdad empeora su situación: primero, porque únicamente el pueblo soporta el peso de esa lucha, y segundo, porque la facción victoriosa, habiendo eliminado a todos los rivales del campo de la explotación, emprende con renovado gusto y desembozada falta de escrúpulos el negocio de explotar al pueblo.

Tacticas revolucionarias. Mijael Bakunin. Cap I (recopilación).